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Jardín Infantil Pequeños y pequeñas artistas: El juego como herramienta para superar la desigualdad de género en la niñez

Por Javiera Sánchez H.

Desde mi rol de asesora técnica, tengo la fortuna de poder acompañar a diversas comunidades educativas, lo que me permite conocer sus contextos, desafíos y valioso trabajo que despliegan para mejorar la calidad educativa y promover el desarrollo integral de las niñeces. En esta labor, el equipo del Jardín Infantil Pequeños y pequeñas artistas, en la región Metropolitana, comuna de Puente Alto, me sorprendió por su profundo compromiso y espíritu de superación en el abordaje de la Educación Parvularia con enfoque de género.

El equipo educativo se ha capacitado en torno a conceptos clave, como el de construcción social; estereotipos, roles y sesgos de género; interseccionalidad; equidad versus igualdad; desigualdades y violencias de género, entre otros aspectos teóricos, y se ha esforzado por integrar progresivamente dichos conceptos de manera transversal en su proyecto educativo. A través de diversas actividades alineadas con el Plan de Convivencia, ha implementado talleres con las familias para sensibilizarlas sobre la promoción de la igualdad y el respeto de sus hijas e hijos, desde los primeros años de vida. El equipo transformó también, celebraciones tradicionales, como el Día de la Madre o el Día del Padre, por el Día de las Familias, con el fin de incluir sin distinciones. Organizó también una obra teatral que aborda la importancia de vivir sin sesgos de género, la que se presentó a toda la comunidad educativa. En su día a día, veo que buscan incorporar el uso del lenguaje inclusivo. Por ejemplo, en lugar de utilizar términos como “madres” o “padres”, se refieren a “familias”. Y cuando se reúnen, veo profundidad en sus reflexiones y capacidad de autocrítica, lo que les permite avanzar en su transformación pedagógica.

Por ejemplo, durante una asesoría revisamos el marco institucional sobre enfoque de género y analizamos algunos videos sobre estereotipos, roles y sesgos, mientras conversamos en torno a la importancia de la socialización primaria y estudios que relevan abordar estos temas desde la infancia. Les planteé antecedentes como que Chile es uno de los países donde más tempranamente la infancia incorpora y verbaliza el estereotipo de que las matemáticas, por ejemplo, es una materia para hombres (Cortázar, Romo y Vielma, 2016). Y que ya antes de ingresar al sistema escolar, los niños y las niñas poseen estereotipos de género, siendo la escuela la que los refuerza a través del llamado currículo oculto (Azúa, 2019).

Basado en lo anterior, les propuse reflexionar y las integrantes del equipo educativo se cuestionaron entonces si acaso existen estereotipos y roles de género en los propios niños y niñas del jardín infantil, que hayan sido transmitidos por las familias, ellas mismas u otros agentes de socialización. Motivada por este cuestionamiento, les planteé realizar una experiencia de aprendizaje en el nivel medio mayor que permitiera levantar representaciones respecto de estereotipos y roles de género asociados a distintas profesiones que son tradicionalmente estereotipadas y, posteriormente, elaborar una cápsula audiovisual con respuestas. Para ello, utilizamos el juego como herramienta.

Como inicio de la experiencia educativa invitamos a niñas y niños en grupos reducidos a explorar los siguientes objetos ligados a profesiones altamente estereotipadas: una pelota de fútbol, camiseta y pantalones deportivos y zapatillas de fútbol. Además, una malla de color rosado, otra de color negro y zapatillas de ballet. También, había un delantal verde, un microscopio y un telescopio. Al ingresar al aula, los párvulos inicialmente observaron los elementos que estaban dispuestos en las mesas y luego comenzaron a explorarlos según su interés, tomándolos, indagando cómo funcionaba, etc. Dentro de los elementos que había, el telescopio llamó mayormente la atención, pues varios de ellos lo exploraron: le sacaron la tapa, lo miraron por ambos lados y apretaron sus manillas. Otro grupo conformado por niñas y niños tomó la pelota y comenzó a chutearla. Por otro lado, algunos jugaron con el delantal, mirando los botones y revisando sus bolsillos, también algunos se probaron las mallas y los zapatos de ballet. En un momento, un niño tomó con sus manos la malla oscura y dijo: -“Ésta es mi favorita”. Luego de que la educadora le preguntara por qué, respondió:

-“Porque es negra, como la galleta Oreo”.

Las educadoras y técnicas preguntaron al grupo: ¿Qué elemento es éste? ¿Para qué sirve? ¿Quién crees que lo usa? ¿Cómo se llama la persona que crees que usa este objeto? Observé que lo expresado por los niños y las niñas en un inicio fue muy concreto: “La pelota es para jugar”, “los zapatos para los pies”, “el microscopio para ver los virus”, entre otras respuestas. Algunas reflexiones sobre quién usa un determinado objeto, y que encontré interesantes fueron:

-La pelota de fútbol la usan las tías, el papá y la mamá”.
-“El delantal lo usan las tías, Octavio y yo, cuando sea grande”. Alguien más dijo acerca de quién usa el telescopio:
-“Quien quiera ver las estrellas y los planetas”.

La propuesta continuó con las visitas de una futbolista, una científica, un educador de párvulos y un bailarín, quienes amablemente compartieron sus experiencias de vida con el grupo del nivel medio mayor. Estos agentes comunitarios se presentaron animadamente y describieron a las niñas y los niños quiénes eran y a qué se dedicaban y los alentaron a participar en juegos sin estereotipos. Luego, se incorporaron a un espacio donde las niñas y los niños se expresaron protagónicamente por medio del juego libre, hicieron preguntas y exploraron nuevamente los objetos y uniformes que los agentes utilizaban por sus respectivas profesiones.

Al observar el transcurso de la experiencia creímos identificar la inexistencia de sesgos de género por parte del nivel medio mayor, lo que nos sorprendió, ya que teníamos una preconcepción de que probablemente las respuestas de los párvulos podrían estar influenciadas por estereotipos de género asociados a roles, basándonos en los estudios que habíamos revisado en la asesoría. Sin embargo, una vez finalizada la experiencia de aprendizaje, nos dispusimos a analizar los videos de las grabaciones y observando más detenidamente los juegos e interacciones que se dieron en el espacio educativo, y notamos algo muy interesante: cuando la educadora o técnico en Educación Parvularia formulaba las preguntas, los primeros en responder solían ser los niños, quienes lo hacían con gran seguridad y en voz alta. En cambio, las niñas tendían a responder después, en un tono de voz menos fuerte y, en ocasiones, repetían lo que había dicho previamente algún compañero.

Este hallazgo resultó muy impactante, ya que no nos habíamos percatado, ni el equipo educativo, ni yo como asesora. No fue hasta revisar las grabaciones que notamos la marcada diferencia en el nivel de participación entre los niños y las niñas. Este descubrimiento fue particularmente relevante, ya que, de no identificar estas diferencias, sólo habríamos considerado las respuestas que dieron en general los niños. Lo anterior, se condijo con estudios que señalan que docentes inconscientemente tienen tratos diferenciados entre niños y niñas, siendo estas últimas quienes reciben interacciones de menor calidad (Parker, 2000). Junto a esto, Cortázar (2017, citado en SdEP 2023) menciona que “el número y la calidad de las interacciones con los niños son mayores y mejores desde los niveles de párvulos”. Por otro lado, las investigaciones de Subirats (1994, citado en Azúa 2019) indican que “docentes –hombres y mujeres– dedican más atención al comportamiento de los niños respecto de las niñas, les hacen más preguntas, les dan más indicaciones para trabajar y les llaman más la atención”.

Junto a esto, otro aspecto que llamó nuestra atención en el análisis de las grabaciones fue el uso del lenguaje sesgado. La educadora y técnico en Educación Parvularia, al realizar las preguntas, indirectamente lo hacían definiendo un sexo. Por ejemplo, al preguntar “¿cómo se llamará el futbolista?”, transmitían la idea de que el futbolista era masculino; o al decir: “¿cómo se llamará la bailarina?”, se asociaba la figura de la bailarina con un nombre femenino. Esto responde al denominado currículo oculto, que reproduce el disciplinamiento heteronormativo y patriarcal enviando mensajes sutiles pero claros a niñas y niños de forma diferenciada.

De este modo, puedo concluir que pudimos levantar representaciones de las niñeces respecto a estereotipos y roles de género asociadas a distintas profesiones que son tradicionalmente estereotipadas, así como visualizamos aspectos más sutiles de las interacciones del equipo educativo con los párvulos, que responden al currículo oculto. Lo anterior nos plantea grandes desafíos, como planificar y preparar espacios y materiales de juego libres de estereotipos y prestar atención a los procesos y dinámicas que se generan en el aula para asegurar que las interacciones pedagógicas potencien las habilidades de niñas y niños por igual. Para ello, creo que es necesario analizar constantemente la propia práctica para no seguir reproduciendo de manera, a veces inconsciente, desigualdades aprendidas en nuestra cultura y procesos de socialización.

Agradecimientos a:

  • Nancy Rusque Pérez, directora del jardín infantil Pequeños y pequeñas artistas
  • Gabriela Mujica Marambio, educadora de párvulos
  • Camila Arzola Torres, técnico de aula
  • Romina Rivera Gaete, futbolista
  • Francisca Guzmán Lastra, científica
  • Sebastián Díaz Álvarez, educador de párvulos
  • Víctor Varas Jeria, bailarín

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