Porque el buen trato es una forma particular de relación que queremos promover y ejercer en todos los niveles institucionales y espacios de trabajo, te entregamos estos mensajes para reflexionar:
1.- Todas las personas merecemos respeto y un trato digno.
En el jardín infantil debemos fomentar el respeto por la diversidad, valorando los saberes de toda la comunidad, escuchar a los niños y niñas considerando e incluyendo sus opiniones. Promovamos la inclusión y el respeto de todas las personas. Al hacerlo, podemos crear una sociedad más justa y equitativa.
2.- Pongamos al centro a la niñez.
Familias, Estado y comunidades educativas somos garantes de derechos de la niñez. Por lo que debemos resguardar en cada contexto el interés superior del niño y la niña con una consideración primordial.
3.- Mantengamos una actitud empática y sensible.
Una respuesta empática, oportuna y sensible impacta de manera positiva en el aprendizaje y el desarrollo integral de los párvulos y promueve la generación de relaciones afectivas y seguras. Prestemos atención a las necesidades e intereses de los niños y niñas, respondiendo a estas de manera oportuna y pertinente a sus particularidades.
4.- Los hábitos y rutinas adecuados permiten sentir seguridad y confianza.
Cuando los niños y las niñas van adquiriendo hábitos se les otorga seguridad y confianza con independencia y progresiva responsabilidad. Potenciemos los hábitos y las rutinas, ayudando así desde la primera infancia a desarrollar su autonomía progresiva y autocuidado.
5.- Reflexionemos y desarrollemos prácticas pedagógicas bientratantes.
Las comunidades educativas están llamadas a reflexionar y poner en marcha prácticas pedagógicas que fortalezcan ambientes bientratantes y que potencien el rol protagónico del niño y la niña. Reflexionemos desde una mirada técnica y crítica que nos permita identificar mejoras para resguardar una educación de calidad.
6.- Una comunidad inclusiva es clave para el bienestar de la niñez.
Aprender a convivir reconociendo la diversidad de las comunidades sustenta una ciudadanía democrática e inclusiva, siendo un proceso fundamental para la formación integral que se inicia desde la primera infancia. Las comunidades educativas y locales constituyen un espacio para que los niños y las niñas construyan relaciones significativas con otros, en un marco de respeto mutuo.
7.- El buen trato se construye a través de miles de pequeños gestos hacia uno mismo y los demás.
Todas y todos, a través de pequeños gestos de afecto, nos sentimos protegidos, acompañados y reconocidos. Guiando desde el ejemplo, construyamos espacios basados en el buen trato, entregando herramientas y acompañando a las infancias para que desarrollen interacciones basadas en el respeto.
8.- Los vínculos afectivos, valores compartidos y sentido de pertenencia favorecen el bienestar a la niñez.
Los valores guían la forma de actuar, son principios para convivir en ambientes de respeto, con responsabilidad y compromiso hacia los otros. Los vínculos significativos son fundamentales desde los primeros años de vida y constituyen la base para vivir en comunidad.
9.- Somos garantes de los derechos de la niñez.
Todos y todas somos co-garantes de derechos, por lo que estamos llamados a respetar, promover y garantizar los derechos de la niñez. Las comunidades educativas deben resguardar la protección y el cuidado para todos los niños y las niñas. Promovamos espacios de protección velando por el bien superior de las infancias, su bienestar integral y el cumplimiento de sus derechos.
10.- Las infancias ejercen sus derechos con autonomía progresiva.
La autonomía progresiva es la capacidad de los niños y las niñas de ejercer sus derechos a medida que se desarrollan; es decir, en la primera infancia necesitan que los adultos resguarden el cumplimiento de sus derechos, pero a medida que crecen, son capaces de poder ejercer con mayor independencia sus derechos. Como adultos, reflexionemos cómo estamos favoreciendo el desarrollo del ejercicio de los derechos de niños y niñas.