Santiago, (@JUNJI_Metropolitana). Al son del cuenco, las voces comienzan a alzarse en un suave arrullo. Seis integrantes de la Camerata Vocal de la Universidad de Chile se enfrentan a un público inusual: niñas y niños que no superan los cuatro años de edad. “Arrorró, mi niño, arrorró, mi sol”, resuena en un aula del Jardín Infantil “Color Esperanza”, en Peñalolén.
El Programa “Arrullo” es un proyecto colaborativo entre la Junji Metropolitana y el Área de Educación y Mediación del Centro de Extensión Artística y Cultural (CEAC) de la Universidad de Chile. El cual tiene como objetivo promover el uso de la voz cantada, generando emociones como la confianza, la calma, la tranquilidad y el acogimiento en la primera infancia y la comunidad educativa en general.
“Ha sido un aporte maravilloso. Creo que nos habíamos olvidado un poco de cantar y que llegue a este proyecto hace que el jardín vuelva a hacerlo”, explica Evelyn Rodríguez, encargada del Jardín Infantil “Color Esperanza”, quien agrega: “recordamos que el canto es parte del contener, del arrullar, del abrazar, una herramienta que lo habíamos olvidado. Así que estoy muy contenta de que se haya hecho esta alianza y ser parte de este proyecto”.
La subdirección de Calidad Educativa de la JUNJI Metropolitana primero hizo un diagnóstico con las directoras de los jardines infantiles involucrados acerca de las preferencias en repertorios musicales y los tiempos con los que cuentan.
Posteriormente se realizaron dos encuentros entre los equipos educativos y los cantantes profesionales de la Camerata Vocal, donde los músicos enseñaron herramientas para la potenciación de la voz, la relajación, la expresión verbal y corporal a través del canto.
En una siguiente instancia, los músicos visitaron los centros educativos y en conjunto con el equipo educativo y las familias realizaron ejercicios de voz y se habla en torno a la importancia de cantar con la voz.
Finalmente, en las aulas de sala cuna y niveles medios, en el horario de la tarde —que en algunas ocasiones coincide con la siesta de las niñas y los niños en el jardín infantil— se cantó en lenguaje coral canciones de cuna, nanas y arrullos que fueron recopilados previamente, acompañando esta experiencia con la vibración de cuencos musicales.
“Es una super buena iniciativa, porque así a los niños se les puede generar un interés hacia la música, para que ellos puedan aprender e ir desarrollando otras habilidades que les pueden ayudar. ¿Quién sabe el día de mañana pueden ser hasta cantantes?”, dijo Israel González, apoderado del “Color Esperanza”.
Durante el año 2024 se trabajó con los jardines infantiles de la JUNJI: “Nido de Cóndores”, “Gabriela Mistral” y “Rayito de Luz”. Durante este 2025 se sumó el establecimiento “Color Esperanza” —también de la JUNJI— lo que ha significado un alcance del programa Arrullo de 538 párvulos y 105 funcionarias y funcionarios.
“En el jardín la música y los sonidos se convierten en un puente para explorar, jugar y aprender. A través de la escucha activa y la experimentación sonora, los niños y niñas descubren la riqueza de los paisajes sonoros y ritmos creados con su propio cuerpo”, afirma la directora regional (s) de JUNJI Metropolitana, María Elena Orellana.
El programa incluye también la formación musical de los equipos educativos de los jardines infantiles, donde en dos jornadas en el CEAC, las educadoras aprenden herramientas sobre el uso de la voz por medio de un trabajo musical y didáctico, y así estas técnicas puedan seguir replicándose en los jardines infantiles.
Para celebrar su culminación, la Gran Sala Sinfónica Nacional recibió a las niñas y niños de los jardines infantiles que participaron este año en el proyecto. En la Sala Domingo Santa Cruz, los artistas recibieron a su público, ubicándolo en el centro del espacio, así, las niñas y niños junto a sus familias, se distribuyeron en cojines y mantas para disfrutar de la música.
“Fue un cierre maravilloso, los niños lo disfrutaron mucho y los apoderados también. Como jardín Junji estamos agradecidos de que nos hayan hecho parte de esto, una instancia de aprendizaje, y de la música que siempre está en la vida de los niños y de los adultos”, señaló Pamela Fernández, directora del Jardín Infantil “Copito de Nieves”, de Peñalolén.








